Brujas
El Miércoles 15/04/2009 tomamos un tren desde Gante hasta Brujas. Llegamos a la estación no muy pronto, sobre las 10:30 de la mañana, previa ducha y desayuno rápido en el hotel, de los nuestros claro. No madrugamos mucho, pero es que Brujas está a media hora de Gante, no muy lejos. Nuestra sorpresa vino cuando el tren que queríamos coger iba lleno de belgas dispuestos a disfrutar de un día de playa en Ostende ¡increíble, pero cierto! En pleno mes de Abril en Bélgica un tren lleno de gente que va a la playa como en España en Julio, tuvimos que dejarlo pasar y a duras penas entramos en el siguiente. Una imagen sorprendente.
Al fin sobre las 11:30 llegamos a Brujas, la estación de tren quedaba bastante lejos del albergue así que nos tocó una buena caminata cruzando todo el centro histórico de Brujas y con un sol y calor impresionantes, como he dicho antes no muy lejos había mucha gente en la playa. Una vez llegamos al albergue dejamos las mochilas en un rincón hasta poder dejarlas en la habitación que tendría que ser un poco más tarde ya que estaban limpiando. Como no podíamos esperar más fuimos a ver la ciudad e intentar comer algo por allí, a todo esto ya debían ser las 12:30 del mediodía.
En Brujas conocíamos un bar-restaurante muy escondido, pero justo en el centro de la ciudad, llamado “Staminee de Garre” donde hacen su propia cerveza que es sensacional “Da Garre” (House Beer Tripel van De Garre). Tomamos una de las suyas y por supuesto cayó alguna más: una “Gulden Draak” porque a la nómada le gustan más las cervezas negras y una “Kwak” y una “Karmeliten Kloster” cortesía de la casa. Pero en ese lugar también conocimos a unos profesores de un colegio de Plasencia que estaban en Bélgica de viaje de fin de curso con los alumnos de la escuela y según sus propias palabras se habían escapado un rato allí a disfrutar de un momento de tranquilidad que sin duda merecían. Con ellos pasamos un rato muy divertido y desde aquí aprovechamos para mandar un saludo a Paco y compañía ;)
Después de comer y probar la cerveza de Brujas fuimos un momento al hotel a descansar un segundo, dejar nuestras cosas en la habitación y coger fuerzas para visitar toda la ciudad por la tarde-noche.
La tarde pasó muy rápido visitando Brujas, la cual es sin duda una ciudad preciosa. Pasear por brujas al atardecer es fabuloso, la ciudad te va atrapando sin que te des cuenta y merece ser conocida como la Venecia del norte debido a la gran cantidad de puentes y canales que cruzan la ciudad, todos preciosos. Yo lo acabo de leer ahora pero Brujas (Brugge en flamenco/neerlandés) se llama así debido a que en este idioma Brug significa puente (Brugge es el plural), y en esta ciudad hay gran cantidad de ellos y todos valen la pena. El mayor atractivo de Brujas es su casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000. Merece la pena visitarlo es un consejo y con un día es suficiente, no tienes excusa si estás en Bélgica.
Cuando caía el sol nos decidimos a pasar por un restaurante a cenar y darnos un pequeño homenaje en esta ciudad ya que la ocasión lo merecía, allí pudimos al fin probar los famosos “moules-frites” (mejillones con caldo de verduras y patatas fritas), sé que suena raro pero es un plato sensacional si disfrutas tanto con los mejillones como yo.
Y por la noche, después del café, seguimos paseando por Brujas, por suerte no hacía frío. Para mi la imagen de Brujas de noche es la mejor de la ciudad con las calles medio vacías debido a que la mayoría de turistas has cogido el tren de vuelta a Bruselas, los rincones escondidos que no dejan de sorprenderte y los puentes y canales iluminados que son espectaculares. Es sin duda en estas horas cuando Brujas tiene su momento más mágico. Esto unido a la compañera que tenía hicieron de esos instantes unos de los mejores que he pasado nunca, sobre todo gracias a ella.
Después a las 22:30 más o menos fuimos a dormir ya que al día siguiente nos esperaba un buen madrugón para coger el tren que nos llevaría a París ¡Nos levantábamos a las 5:00 de la mañana!












