Ámsterdam (I)

El 10/04/2009 nos levantamos a las 7 de la mañana y rápidamente nos pusimos en marcha hacia el aeropuerto de Barcelona. Salimos puntuales de casa pero el aerobús hacia el aeropuerto del Prat casi se estropea por culpa de una puerta que no cerraba bien y llegar al check in de Transavia en la terminal A del aeropuerto nos costó un poco ya que está un poco escondido, más bien marginado en un rincón. De todas formas embarcamos sin excesivos problemas. Salir de vacaciones justo el día que empiezan las vacaciones de Semana Santa siempre puede resultar un poco estresante.
El vuelo perfecto, puntual y sin ningún sobresalto. Llegamos a Ámsterdam a la hora programada y rápidamente recogimos las mochilas en el aeropuerto y tomamos el tren hacia el hotel, un Holiday Inn, que teníamos a las afueras de la ciudad. Esta vez no fue tan fácil como en Praga, pero gracias a la intuición de la nómada clavamos el tren y luego el hotel nos quedaba justo delante de la estación y la parada del tranvía que nos llevaba al centro también, si es que a veces somos tan buenos que asusta ;)
Dejamos las cosas en el hotel y a eso de las 12 a.m. pusimos rumbo al centro de Ámsterdam. Enseguida fuimos a comer algo a un restaurante que había cerca de un canal, fue el primero que vimos pero acertamos de pleno. Tomamos dos cervezas, una ensalada, un sándwich y un café, todo buenísimo y a un precio más que razonable para ser Ámsterdam, que no podíamos imaginar que era una de las ciudades más caras de Europa hasta que nos pusimos a buscar el alojamiento unas semanas antes y empezamos a sospechar.
Rápidamente fuimos camino del Rijksmuseun, una visita obligada si vais a Ámsterdam. Rembrandt, Brueghel, Vermeer… con “La Lechera” de Vermeer la nómada disfrutó mucho y yo también viendo su cara de ilusión ante esta obra. Después de estar un par de horas, tampoco hace falta mucho más si vas únicamente a hacer una visita rápida, fuimos a pasear un rato por el centro de la ciudad y decidimos dejar el museo Van Gogh para el día siguiente, un error que ya os contaremos más adelante.
Salimos del Rijkmuseum a eso de las cinco de la tarde y empezamos a caminar sin mirar prácticamente el plano, hay que decir que todo es fantástico en Ámsterdam y personalmente me encanta, no me importaría pasar una temporada en esta ciudad. De paso que caminábamos sin un rumbo muy definido aprovechábamos para buscar un supermercado donde comprar algo para cenar en el hotel. Lo sorprendente es que prácticamente no hay supermercados en el centro de Ámsterdam (tostadas, zumo, queso y pavo), que también serviría para el desayuno del día siguiente. Lo sorprendente es que prácticamente no hay supermercados en el centro de Ámsterdam.
Por la tarde vimos parques, canales, la Plaza Dam, las típicas calles y casas torcidas de esta ciudad y alucinamos con el tiempo imprevisible de esa parte de Europa. En cuestión de 10 minutos pasó de hacer sol y una temperatura razonable a ponerse a llover y granizar e inmediatamente después dejaba de llover y ya empezaba a hacer algo más de fresco, un cambio que para unos nómadas mediterráneos como nosotros es cuanto menos sorprendente.
Vista la inestabilidad que había, por decirlo suavemente, decidimos poner rumbo a la Centraal Station a tomar nuestro tranvía en dirección al hotel, el tranvía número 4. Antes, como era imposible encontrar un supermercado en Ámsterdam, compramos la cena y el desayuno del día siguiente en un colmado del centro, a un precio bastante caro por cierto, pero que se le va a hacer como ya he dicho no es una ciudad precisamente barata para los turistas.
Cogimos el tranvía y llegamos al hotel a eso de las ocho de la tarde-noche, llevábamos un día muy largo y estábamos muy cansados. Tomamos una ducha rápida y cenamos lo justito antes de caer rendidos en la cama. El día siguiente íbamos a descubrir lo que nos quedaba de Ámsterdam, ese era el plan y por tanto nos esperaba un día “muy duro”.
Justo cuando estábamos cenando y fuimos a dormir que se puso a llover a cántaros, por suerte ya estábamos en el hotel. Como ya he dicho antes el tiempo en esta ciudad es totalmente imprevisible.













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